viernes, 22 de septiembre de 2017

Bruno Rodríguez Parrilla: Cuba jamás aceptará condicionamientos ni imposiciones

Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla en el 72 Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU. Nueva York, 22 de septiembre de 2017.

Señor Presidente;
Señor Secretario General:
Le confirmo el apoyo de Cuba en su labor al frente de la Secretaría de la Organización de las Naciones Unidas como garante y defensor de la paz internacional.
Señores Jefes de Estado y de Gobierno;

Distinguidas delegadas y delegados:
Expreso sinceras condolencias, extensivas a los familiares de los fallecidos y a los damnificados, y nuestra disposición a incrementar la cooperación, dentro de nuestras modestas posibilidades, a los hermanos pueblos y gobiernos de Dominica y Antigua y Barbuda, pequeñas islas que sufrieron terrible destrucción; a República Dominicana, Puerto Rico, Saint Martin, Sint Maarten, Islas Vírgenes y Anguila debido a los huracanes Irma y María.
Llamo a la comunidad internacional a dar toda la prioridad y movilizar recursos para ayudar a los pequeños estados y territorios insulares del Caribe devastados.
Reciban entrañables sentimientos de solidaridad de Cuba, el pueblo y gobierno mexicanos, en especial los familiares de las víctimas y los damnificados por ambos terremotos, a quienes reiteramos la disposición a asistir a la población y a la recuperación de los daños con nuestros modestos esfuerzos.
Hacemos llegar al pueblo de los Estados Unidos sentidas condolencias a las familias de los fallecidos, y honda simpatía a todos los afectados por el huracán Irma.

Señor Presidente:
Traigo el testimonio del pueblo cubano que realiza un colosal esfuerzo en la recuperación de los severos daños en las viviendas, la agricultura, el sistema electroenergético y otros provocados por el huracán Irma.  Pese a ingentes medidas de prevención, incluida la evacuación de más de 1,7 millones de personas y la total cooperación de los ciudadanos, sufrimos 10 fallecimientos.
Los dolorosos daños a servicios y las pérdidas de bienes sociales y personales, las privaciones ocasionadas a las familias por largas horas sin electricidad o abasto de agua, acentuaron la unidad y solidaridad de nuestro noble y heroico pueblo.
Se han repetido conmovedoras escenas de rescatistas entregando una niña salvada a su mamá, un pequeño recogiendo de las ruinas un busto de Martí, estudiantes ayudando a familias que no conocían, efectivos de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior haciendo los trabajos más duros, dirigentes locales encabezando las tareas más difíciles.
El Presidente Raúl Castro Ruz, desde la zona más devastada, emitió un llamamiento en el que escribió, y cito: “han sido días duros para nuestro pueblo, que en solo pocas horas ha visto cómo lo construido con esfuerzo es golpeado por un devastador huracán.  Las imágenes de las últimas horas son elocuentes, como también lo es el espíritu de resistencia y victoria de nuestro pueblo que renace con cada adversidad”.
A nombre del pueblo y gobierno cubanos, agradezco profundamente las sentidas muestras de solidaridad y afecto de numerosos gobiernos, parlamentos, organizaciones internacionales y representantes de la sociedad civil.
Expreso honda gratitud ante los diversos ofrecimientos de ayuda recibidos.

Señor Presidente:
Guardo viva y emocionada memoria de la imponente presencia y de las ideas enormemente vigentes, expresadas en esta Asamblea, por el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz.
Agradezco, a nombre de nuestro pueblo y gobierno, los sentimientos de respeto, afecto y admiración recibidos de todas las latitudes.

Señor Presidente:
El pasado martes, el presidente Donald Trump vino a convencernos de que uno de sus propósitos es promover la prosperidad de las naciones y de las personas.
Pero en el mundo real, ocho hombres poseen, en conjunto, la misma riqueza que los 3 600 millones de seres humanos que integran la mitad más pobre de la humanidad(1) .
En términos de facturación, 69 de las 100 mayores entidades del mundo son empresas trasnacionales, no Estados(2) .  Juntas, las 10 mayores corporaciones del mundo tienen una facturación superior a los ingresos públicos de 180 países sumados(3) .
Son extremadamente pobres 700 millones de personas(4) ; 21 millones son víctimas de trabajo forzoso(5) ; 5 millones de niños murieron en 2015 antes de cumplir cinco años, por enfermedades prevenibles o curables(6) ; 758 millones de adultos son analfabetos (7).
Ochocientos quince millones de personas padecen hambre crónica, decenas de millones más que en 2015. Dos mil millones están subalimentadas.  De recuperarse el precario ritmo de disminución de los últimos años, ahora interrumpido, 653 millones de personas seguirán hambrientas en 2030 y no sería suficiente para erradicar el hambre en el 2050 .
Hay 22,5 millones de refugiados(9) . Se agravan las tragedias humanitarias asociadas a los flujos de migrantes y su número crece en un orden económico y político internacional claramente injusto.
La construcción de muros y barreras, las leyes y medidas adoptadas para impedir las oleadas de refugiados y migrantes han demostrado ser crueles e ineficaces.  Proliferan políticas excluyentes y xenófobas que violan los derechos humanos de millones de personas y no resuelven los problemas del subdesarrollo, la pobreza y los conflictos, causas principales de la migración y la solicitud de refugio.
Los gastos militares ascienden a 1,7 millones de millones de dólares(10) . Esa realidad contradice a quienes alegan que no hay recursos para acabar con la pobreza.
Pero la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible carece de medios de aplicación, por egoísmo y falta de voluntad política de los Estados Unidos y otros países industrializados.
¿Cuál es la receta milagrosa que nos recomienda el presidente Trump, a falta de los flujos financieros del Plan Marshall? ¿Quiénes pondrán ahora los recursos para ello? ¿Cómo puede esto reconciliarse con la idea de los presidentes Reagan hace décadas y Trump ahora, de “América First”?
Ignora el Presidente de los Estados Unidos o tergiversa la historia y presenta como objetivo una quimera.  Los patrones de producción y consumo propios del capitalismo son insostenibles e irracionales y conducen, inexorablemente, a la destrucción del medioambiente y al fin de la especie humana.
¿Acaso pueden olvidarse las consecuencias del colonialismo, la esclavitud, el neocolonialismo y el imperialismo?
¿Las décadas de sanguinarias dictaduras militares en América Latina pueden presentarse como ejemplo de un capitalismo exitoso?
¿Alguien conoce recetas de capitalismo neoliberal mejor aplicadas que las que destruyeron las economías latinoamericanas en la década de los ochenta?
Es imprescindible e impostergable que las Naciones Unidas trabajen por establecer un nuevo orden económico internacional participativo, democrático, equitativo e incluyente, y una nueva arquitectura financiera que tomen en cuenta los derechos, necesidades y particularidades de los países en desarrollo y las asimetrías existentes en las finanzas y el comercio mundial, resultado de siglos de explotación y saqueo.
Los países industrializados tienen el deber moral, la responsabilidad histórica y cuentan con los medios financieros y tecnológicos suficientes para ello.
Ni siquiera para los ricos habrá la prosperidad que se anuncia, sin detener el cambio climático.
Cuba lamenta la decisión del Gobierno de los Estados Unidos, el principal emisor histórico de gases de efecto invernadero, de retirar a su país del Acuerdo de París.
En el 2016, por tercer año consecutivo, se batieron los récords de aumento de la temperatura media global, lo que confirma al cambio climático como una amenaza a la supervivencia de la humanidad y el desarrollo sostenible de nuestros pueblos.
Reiteramos nuestra solidaridad con los pequeños países insulares en desarrollo, especialmente del Caribe y el Pacífico, que son los más afectados por el cambio climático, para quienes reclamamos un trato justo, especial y diferenciado.  Apoyamos también la atención prioritaria a las necesidades de África subsahariana.

Señor Presidente:
El gobierno de Estados Unidos ha venido a decirnos que, junto a la prosperidad, los otros dos “bellos pilares” del orden mundial son la soberanía y la seguridad.
Es responsabilidad de todos preservar la existencia del ser humano frente a la amenaza de las armas nucleares.  Un importante aporte al logro de ese objetivo significó la histórica adopción y firma en el marco de esta Asamblea, del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, que proscribe la existencia, el uso y la amenaza del uso de esas armas, que tienen la capacidad para aniquilar la especie humana.
Estados Unidos se opuso tenazmente a este tratado. Anunció que empleará 700 mil millones de dólares en gastos militares y desarrolla una doctrina nuclear y militar extremadamente agresiva, basada en la amenaza del uso de la fuerza y en el empleo de esta.
Estados miembros de la OTAN atentan contra la paz y la seguridad internacionales y el Derecho Internacional promoviendo intervenciones militares y guerras no convencionales contra Estados soberanos.
Como señaló el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz y cito: “cese la filosofía del despojo y desaparecerá la filosofía de la guerra”.
Resulta cotidiana la imposición ilegal de medidas coercitivas unilaterales y el uso de herramientas financieras, judiciales, culturales y comunicacionales para la desestabilización de gobiernos y la negación del derecho de libre determinación a sus pueblos.
Crece la militarización y el uso encubierto de las tecnologías de la información y las comunicaciones para atacar a otros Estados, mientras varios países desarrollados se oponen férreamente a la adopción de tratados internacionales que regulen la cooperación para lograr un ciberespacio seguro.
El Presidente estadounidense manipula los conceptos de soberanía y seguridad en su exclusivo beneficio y en detrimento de todos, incluidos sus aliados.
La tentativa de utilizar la amenaza militar y la fuerza para detener la tendencia mundial irreversible al multipolarismo y policentrismo provocará graves peligros para la paz y la seguridad internacionales que deben ser defendidas y preservadas mediante la movilización internacional.
Los principios de igualdad soberana, respeto a la integridad territorial y no injerencia en los asuntos internos de los Estados, deben ser respetados.  La Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional no admiten ser reinterpretados.
La reforma de las Naciones Unidas debe proponerse como objetivo esencial que esta responda a las necesidades acuciantes de los pueblos y las grandes mayorías desfavorecidas.  El multilateralismo debe ser protegido y reforzado frente a los intereses imperialistas  de dominación y hegemonía.
La democratización del Consejo de Seguridad, tanto en su composición como en sus métodos de trabajo, es un objetivo impostergable.
El fortalecimiento de la Asamblea General y la recuperación de las funciones que le han sido usurpadas, resulta imprescindible.

Señor Presidente:
El “patriotismo” que se invoca en el discurso de los Estados Unidos es una perversión del humanismo, el amor y la lealtad a la Patria, y del enriquecimiento y defensa de la cultura nacional y universal.  Encarna una visión excepcionalista y supremacista de ignorante intolerancia frente a la diversidad de modelos políticos, económicos, sociales y culturales.
En los países desarrollados se agrava la pérdida de legitimidad de los sistemas y partidos políticos y se incrementa el abstencionismo electoral.  La corrupción legal o ilegal hace metástasis como es el caso extremo de los llamados “intereses especiales” o pagos de corporaciones a cambio de beneficios, en el país en que más dinero se gasta en campañas y donde paradójicamente se puede ser elegido con menos votos populares que otro candidato o gobernar con un apoyo ínfimo de los electores.
Es creciente e insólito el uso de la ciencia y la tecnología para ejercer hegemonía, mutilar las culturas nacionales y manipular la conducta humana, como en el caso del uso político y publicitario de las llamadas “big data” o psicometría.  Siete consorcios occidentales controlan férreamente lo que se lee, ve o escucha en el planeta, prevalece el monopolio de las tecnologías, la gobernanza de las redes digitales es dictatorial y discriminatoria y, pese a las apariencias, la brecha digital entre países ricos y pobres crece.
Se recortan las oportunidades y violan flagrante y sistemáticamente los derechos humanos de jóvenes, migrantes y trabajadores.
Anteayer, el vicepresidente de los Estados Unidos Michael Pence afirmó en el Consejo de Seguridad, con absurdo desconocimiento de sus funciones y la pretensión de establecer nuevas prerrogativas, que este, el Consejo de Seguridad, debería modificar la composición y los métodos del Consejo de Derechos Humanos “que no merece su nombre”, según dijo, “porque una clara mayoría de sus miembros no cumplen siquiera los más básicos estándares de derechos humanos”, fin de la cita.  Supongo que el señor Pence no incluye en el caso a su propio país, que lo merecería por su patrón de violaciones sistemáticas de derechos humanos como el uso de la tortura, la detención y la privación de libertad arbitrarias, como ocurre en la Base Naval de Guantánamo, el asesinato de afroamericanos por policías, la muerte de civiles inocentes por sus tropas, la xenofobia y represión de inmigrantes, incluso menores, y su escasa adhesión a instrumentos internacionales.

Señor Presidente:
Reafirmamos nuestra más firme condena contra el terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones; y rechazamos los dobles raseros en su enfrentamiento.
La impostergable búsqueda de una solución justa y duradera al conflicto del Medio Oriente, se sustenta en el ejercicio del derecho inalienable del pueblo palestino a la autodeterminación, y a disponer de un Estado libre e independiente, dentro de las fronteras anteriores a 1967, con su capital en Jerusalén Oriental.
La cuestión del Sahara Occidental requiere un esfuerzo de conformidad con las resoluciones de Naciones Unidas, de modo que se garantice al pueblo saharaui el ejercicio de la autodeterminación y se respete su legítimo derecho a vivir en paz en su territorio.
Cuba reafirma su apoyo a la búsqueda de una solución pacífica y negociada a la guerra en Siria, sin injerencia externa y con pleno respeto a su soberanía e integridad territorial.
Se acrecientan los peligros a la paz y la seguridad internacionales derivados de la ampliación de la presencia de la OTAN en las fronteras de Rusia.  Reiteramos nuestro rechazo a las sanciones unilaterales e injustas impuestas a ese país.
Demandamos que se respete el denominado acuerdo nuclear con la República Islámica de Irán.
Rechazamos la amenaza de destruir totalmente la República Popular Democrática de Corea, donde viven 25 millones de seres humanos.  La guerra no es una opción en la península coreana, amenazaría la existencia de cientos de millones de personas en esta y en los países vecinos y conduciría a una conflagración nuclear de consecuencias impredecibles.  Solo a través del diálogo y las negociaciones se puede lograr una solución política duradera, que debe tener en cuenta las preocupaciones legítimas de todas las partes involucradas.  Apoyamos la desnuclearización total de la península coreana, sin injerencia extranjera, con total respeto a la igualdad soberana e integridad territorial de los Estados y con estricto apego al principio del no uso, ni la amenaza del uso de la fuerza.

Señor Presidente:
Nuevas amenazas se ciernen hoy contra la paz y la estabilidad en América Latina y el Caribe, en abierto irrespeto a la “Proclama como Zona de Paz”, firmada en La Habana por los Jefes de Estado y de Gobierno de nuestra región, en enero de 2014, en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC).
Reiteramos lo expresado por el Presidente Raúl Castro Ruz sobre la República Bolivariana de Venezuela el pasado 14 de julio y cito:
“La agresión y la violencia golpista contra Venezuela dañan a toda ‘Nuestra América’ y solo benefician los intereses de quienes se empeñan en dividirnos para ejercer su dominación sobre nuestros pueblos, sin que les importe generar conflictos de consecuencias incalculables en esta región, como los que estamos presenciando en diferentes lugares del mundo”.
“Alertamos hoy”, dijo entonces, “que quienes pretenden derrocar por vías inconstitucionales, violentas y golpistas a la Revolución Bolivariana y Chavista asumirán una seria responsabilidad ante la historia”, fin de la cita.
Rechazamos enérgicamente la amenaza militar contra Venezuela, la orden ejecutiva que la califica como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos y las sanciones unilaterales, injustas y arbitrarias aplicadas por este.
Reiteramos nuestra inquebrantable solidaridad con el pueblo y el gobierno bolivarianos y chavistas, y con su unión cívico-militar que lidera el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros.
Denunciamos y condenamos la iniciativa Nica Act, promovida en el Congreso de los Estados Unidos en una actitud injerencista que persigue imponer un bloqueo económico al pueblo y gobierno de Nicaragua, a quienes reiteramos nuestro respaldo.
Expresamos nuestra solidaridad con el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, víctima de persecución política para impedir su candidatura a elecciones directas mediante una inhabilitación judicial.  Lula, la presidenta Dilma Rousseff, el Partido de los Trabajadores y el pueblo brasileño tendrán siempre a Cuba de su lado.
Reafirmamos nuestro compromiso histórico con la libre determinación y la independencia del pueblo de Puerto Rico.
Apoyamos el legítimo reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias del Sur.
Cuba continuará contribuyendo en todo lo posible, a solicitud de las partes, con los esfuerzos para lograr una paz estable y duradera en Colombia.
Seguimos comprometidos en compartir nuestras modestas realizaciones con los pueblos del Sur, incluido el empeño de los 40 mil cooperantes cubanos que en 64 países hoy luchan por la vida y la salud de los seres humanos(11).

Señor Presidente:
El 16 de junio pasado, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la política de su gobierno hacia Cuba, que constituye un retroceso en las relaciones bilaterales y socava las bases establecidas hace dos años para avanzar en una relación de nuevo tipo entre nuestros países, en la que prime el respeto, ¡el respeto!, y la igualdad.
El gobierno estadounidense ha decidido endurecer el bloqueo económico, comercial y financiero, imponiendo nuevos obstáculos a las limitadas posibilidades que tenía su empresariado para comerciar e invertir en Cuba y restricciones adicionales a sus ciudadanos para viajar a nuestro país.
Esas decisiones ignoran el apoyo de amplios sectores estadounidenses, incluyendo la mayoría de la emigración cubana, al levantamiento del bloqueo y la normalización de las relaciones.  Satisfacen solo los intereses de un grupo de origen cubano del sur de Florida, cada vez más aislado y minoritario, que insiste en dañar a Cuba y a nuestro pueblo por haber elegido defender, a cualquier precio, el derecho a ser libre, independiente y soberano.
Reiteramos hoy la denuncia a las medidas de endurecimiento del bloqueo y reafirmamos que cualquier estrategia que pretenda destruir a la Revolución Cubana fracasará.
De igual forma, rechazamos la manipulación del tema de los derechos humanos contra Cuba, que tiene mucho de qué enorgullecerse por los logros alcanzados y no tiene que recibir lecciones de los Estados Unidos ni de nadie.
Expresamos en esta ocasión la más enérgica condena a las declaraciones irrespetuosas, ofensivas e injerencistas contra Cuba y el gobierno cubano, realizadas hace tres días en esta tribuna por el presidente Donald Trump.  Le recordamos que los Estados Unidos, donde se cometen flagrantes violaciones de los derechos humanos que suscitan profunda preocupación en la comunidad internacional, no tienen la más mínima autoridad moral para juzgar a mi país. Reafirmamos que Cuba nunca aceptará, ¡jamás! condicionamientos ni imposiciones, ni renunciará a sus principios.
En relación con los alegados incidentes que habrían afectado a funcionarios estadounidenses en La Habana, afirmamos categóricamente que el gobierno cubano cumple con todo rigor y seriedad sus obligaciones con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas en lo referido a la protección de la integridad de todos los diplomáticos sin excepción, incluyendo los de los Estados Unidos; y que Cuba jamás ha perpetrado ni perpetrará acciones de esta naturaleza; ni ha permitido ni permitirá que su territorio sea utilizado por terceros con ese propósito.
Las autoridades cubanas, de acuerdo con los resultados preliminares de la investigación prioritaria y con alto componente técnico que están desarrollando por indicación del más alto nivel de nuestro gobierno, y que ha tomado en consideración datos aportados por las autoridades de los Estados Unidos, hasta el momento no cuentan, ¡no cuentan! con evidencia alguna que confirme las causas ni el origen de las afecciones a la salud que han sido reportadas por los diplomáticos estadounidenses y sus familiares.  La investigación para esclarecer este asunto sigue en curso y para llevarla a término será esencial la cooperación efectiva de las autoridades estadounidenses. Sería lamentable que se politice un asunto de la naturaleza descrita.
Como ha expresado el Presidente Raúl Castro Ruz, Cuba tiene la voluntad de continuar negociando los asuntos bilaterales pendientes con los Estados Unidos, sobre la base de la igualdad y el absoluto respeto a la soberanía y la independencia de nuestro país, y de proseguir el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés común con el gobierno estadounidense.
Cuba y los Estados Unidos pueden cooperar y convivir, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambos países y pueblos, pero no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia.

Señor Presidente:
El pueblo cubano no cesará en su legítimo reclamo por el levantamiento y total eliminación del bloqueo económico, comercial y financiero y seguirá denunciando el recrudecimiento de esa política.  El 1º de noviembre, Cuba presentará una vez más ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el proyecto de resolución titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba”.
Mientras que en el mundo crece la desigualdad, la opulencia de unos pocos y la marginación de muchos, el pueblo cubano continuará su lucha por alcanzar la sociedad más justa posible.  Seguiremos avanzando con paso firme en el camino de trasformaciones revolucionarias decidido soberanamente por cubanas y cubanos para el perfeccionamiento de nuestro socialismo.
Muchas gracias (Aplausos).
(Cubaminrex)


NOTAS
(1)    Informe de OXFAM Internacional “Una economía para el 99%”, publicado en enero de 2017.
(2)    Informe de OXFAM Internacional “Una economía para el 99%”, publicado en enero de 2017.
(3)    Informe de OXFAM Internacional “Una economía para el 99%”, publicado en enero de 2017.
(4)    Informe de la FAO “El futuro de la alimentación y la agricultura: Tendencias y desafíos”, publicado en 2017.
(5)    Datos de la OIT, 2017.
(6)    Datos de la OMS, septiembre de 2016.
(7)    Tercer informe de la UNESCO sobre el aprendizaje y la educación de adultos, 2016.
(8)    Informe de la FAO “El futuro de la alimentación y la agricultura: Tendencias y desafíos”, publicado en 2017.
(9)    Informe del ACNUR: Tendencias Globales: Desplazamiento forzado en 2016.
(10)    https://www.sipri.org/sites/default/files/Trends-world-military-expendit... World military expenditure
was $1686 billion in 2016, an increase of 0.4 per cent in real terms. SIPRI: TRENDS IN WORLD MILITARY EXPENDITURE, 2016.
(11)    Datos brindados por la UCCM del MINSAP con fecha 7 de agosto de 2017.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

19 de septiembre

Alberto Híjar Serrano
Cuando parecía que las palabras solidaridad, fraternidad, trabajo liberador, organización colectiva para el bien común, habían perdido sentido, la respuesta al desastre ha reactivado la lucha por la vida. Sin más convocatoria que la urgencia de salvar vidas, aliviar la situación de quienes perdieron todo y de organizar la remoción de escombros y la aportación de herramientas, artefactos y maquinaria para lograrlo, ahí donde es necesario, llegan apoyos y ayudas. Ciudad Universitaria, como otros espacios similares, tuvo una noche con una multitud que otra vez reúne a profesores, investigadores, trabajadores administrativos y estudiantes para atender lo necesario. A oscuras y con las calles cerradas, brigadas de motociclistas y ciclistas transportaron médicos y todo lo necesario ahí donde la comunicación efectiva realizaba la llamada de auxilio. Una jovencita con mochila a la espalda, llega, desparrama la vista, mide sus fuerzas frente a la cadena por la que pasa de mano en mano las cubetas de escombros y rápido decide hacerla de agente de tránsito. Alguien le da un silbato para culminar su buen desempeño. Seguro encontró compañeras y compañeros para acordar todo lo necesario incluyendo el digno orgullo de trabajar por la vida. En alto contraste, el lector de noticias de Canal 13 actúa en mangas de camisa de manera semejante a la abyecta Anahí que hizo filmar su declaración de que sin arreglo y despeinada y a sabiendas de que sus fans quisieran oírla cantar, prefiera servir a los inundados, aunque no haya noticia alguna de lo hecho al respecto por ella y su esposo el gobernador de Chiapas. Tiempo ha, la película Los Inundados de Fernando Birri dio cuenta de las simulaciones de los funcionarios mientras los sobrevivientes de una inundación en Argentina aliviaban su terrible situación gracias a la solidaridad de los pobres. Testimonios filmados como éste, dieron lugar al Tercer Cine en los sesenta y setenta contra el star system de Hollywood y el intimismo de la Nueva Ola Francesa. Ahora, por unos días, las televisoras hacen el milagro de ponerse del lado de los damnificados para informar y establecer enlaces y redes. Ya se sabe que esto es excepcional y que volverá la bazofia sensiblera, sentimentalera a favor de la competitividad y demás zarandajas neoliberales. Una necesidad humana profunda mueve la sustitución de todo esto por el trabajo solidario.  Pulsión de muerte, llaman los freudianos a la presencia constante y necesaria del imprevisible fin de la vida. Al discutir el fetichismo de la mercancía como falsa aspiración de compraventa y de advertir la enajenación ocultadora del trabajo para bien de todos y no para el provecho personal del patrón, Marx abrió la reflexión práctica del trabajo. Herbert Marcuse titula Eros y civilización a la investigación del constante enfrentamiento entre el amor pleno como esencia vital y la amenaza de Tánatos como tendencia destructiva y maligna, pero aceptable en la medida en que parece omnipotente. Los desastres y las tragedias sociales construyen un saber amoroso concretado en trabajo para el bien de todos, sin más ganancia que la digna satisfacción de saberse del lado de la vida. He aquí la esperanza como política sin mediaciones espurias ni reconocimientos estatales. Hay un proceso acumulativo que pasa por Tlaltelolco, Atenco, Ayotzinapa, el repudio al fraude electoral de los +132 y del ejemplo de figuras discretas y soberanas como Francisco Toledo organizando cocinas comunitarias, papalotes en vuelo por los +43 y llamando a la reconstrucción libre de los negocios de las constructoras y a favor de materiales, técnicas y distribución de espacios característicos de la arquitectura sin arquitectos, al menos de esos arquitectos enriquecidos por las necesidades suntuarias de los explotadores. Que nadie regrese a las rutinas luego de trabajar por el bien de todos.   
20 septiembre 2017

martes, 19 de septiembre de 2017

Cubanidad y cubanía (palabras para un debate)

Enrique Ubieta Gómez
(Intervención en el espacio Dialogar, dialogar de la AHS, realizado en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, 16 de mayo de 2017) 
Para el que desee leer las intervenciones de Miguel Barnet, antes y después de las mías, puede encontrala aquí.
Tomado de Blog Dialogar, dialogar 
Para mí es un honor compartir con Miguel Barnet cualquier actividad pública, pero si esta tiene que ver con el concepto de nación, de cubanidad, de cubanía, si es una actividad pública que se enlaza con su extraordinaria obra sobre las raíces de la cubanidad  y la cubanía, pues el honor es doble.
Miguel ha mencionado los aportes a la cultura cubana de importantes intelectuales y, desde luego, no ha hablado de sí mismo, pero el aporte de Miguel alcanza una dimensión peculiar por su doble condición: él es ante todo un poeta, un gran poeta a quien le interesa la investigación. Y esa cualidad, de creador, le permite –porque además tiene una formación muy sólida– abordar la antropología, los estudios cubanos, con una profundidad que solo es dable a la poesía. Y permítaseme añadir que su maestro, Fernando Ortiz, aunque no escribía versos, también poseía el don de los poetas.
Bueno, después de escuchar a Miguel, quiero simplemente apuntar algunas reflexiones sobre este tema, que se enriquecerá mucho con las preguntas de ustedes y las intervenciones que después podrán hacer.
El pensamiento cubano tiene un parteaguas, que está dado por la Guerra de Independencia de los Diez Años. Hasta ese momento, existía una tradición de pensamiento que pudiéramos incluso llamar clásico, muy apegado a la docencia, a la academia, a la sensibilidad poética, cada vez más patriótico, cada vez más libertario. Algunos teóricos han querido dividirlo en dos, de un lado el realista, el utilitario, el moderno (Saco, Arango y Parreño), del otro supuestamente el utópico y antimoderno (Caballero, Varela, Luz); en realidad, la nación se pensaba, se buscaba y se hallaba en un ideal que incluía, cada vez con mayor nitidez, la independencia y la justicia social.
Pero la guerra, que es el clímax de ese proceso, también lo interrumpe, como es natural, y produce un corte fecundo. Muchos estudiantes brillantes, muchos jóvenes que comenzaban a despuntar como investigadores –junto a otros de humilde origen, sin estudios, pero de inteligencia natural– se van a la manigua, y por supuesto, son diez años en los que reciben otro tipo de enseñanza, porque aquella fue también una escuela muy importante. La guerra de los Diez Años facilita dos hechos fundamentales en la conformación de la nación cubana: el primero es la movilidad de grandes grupos humanos a lo largo del territorio nacional; personas que nunca habían salido de una región, de un pequeño territorio, irrumpen en otras regiones, ya sea como integrantes de columnas invasoras o por el movimiento natural de una guerra. Así, por ejemplo, los orientales combaten en Camagüey, en el Gran Camagüey de entonces, en las provincias centrales y empiezan a conocerse cubanos que hasta ese momento habían vivido digamos que un poco aislados. La guerra permite que los cubanos adquieran una visión geográfica y espiritual totalizadora de la nación, y también que surjan, choquen y se limen los regionalismos reductores.
El segundo, tanto o más importante que el anterior, es que por primera vez, blancos y negros, ricos y pobres, comparten las vicisitudes, los peligros, el valor personal y el miedo, incluso la muerte, que son consustanciales a una guerra; los esclavos que habían sido liberados por los hacendados orientales, y que se integran a la guerra de independencia, empiezan a compartir la dura vida cotidiana de campaña, el riesgo de la muerte junto a sus antiguos amos, a personas de otras clases sociales –no hay nada que hermane más, que identifique más a las personas que compartir el riesgo de la muerte–, y esto contribuye a la forja de una nueva visión de la nación. Es algo que no se produce de golpe, desde luego, porque el dinero o el saber de alguna manera marcan al inicio las jerarquías militares; pero cuando suena la corneta de a degüello, en el fragor del combate, se imponen las jerarquías del talento y del valor. Poco a poco, la gente más humilde, la que empezó desde abajo, empieza a ganar grados y la contienda produce coroneles y generales negros y mulatos que eran indiscutibles, y coroneles y generales campesinos. Y un general negro podía ser el jefe de un teniente blanco.
Precisamente, uno de los grandes conflictos que inciden en el fracaso de la Guerra de los Diez Años –que se inicia, como ustedes saben, en 1868 y termina en 1878– es el temor que siente la aristocracia cubana –vamos a llamarla de esa manera, el nombre podría discutirse, y no me refiero a los grandes patricios fundadores, a los Céspedes, a los Agramontes, hablo de una clase social– ante la pérdida práctica de su hegemonía en la guerra y el ascenso de una nueva clase social con un prestigio y una capacidad de mando obtenidos a golpe de machete, y sobre todo, con un proyecto de nación que, temen con razón, será más radical.
Cuando la guerra que le sucede, la del 95, comienza a planificarse, sus líderes ya provienen de otros estratos y clases sociales, algunos son veteranos de la contienda anterior –gente que empezó desde abajo y que en 1878 ya eran grandes jefes militares y políticos, como Gómez y Maceo–, otros son, al decir de Martí, su principal organizador, como él mismo, “pinos nuevos”. Y ya la guerra del 95 expresa una visión del mundo, una visión de la nación mucho más radical, con líderes como Martí y Maceo –el impugnador del Pacto del Zanjón–, al que a veces se relega como pensador, pero que también es portador de una cubanía profunda y radical.
Estos son factores esenciales para entender cómo termina de conformarse en la propia guerra, en los largos años de lucha, el concepto de nación. He dicho nación una y otra vez, porque el estado o nación en definitiva es por lo que se pelea, por lo que se lucha, sin embargo, Martí no utiliza nunca ese concepto, y no lo utiliza porque la nación, en el lenguaje cotidiano de aquella época, identificaba en la prensa y en la oratoria colonialistas a España. Martí habla de Patria, y a diferencia de lo que sucede en Argentina, que hay un periódico que se llama La Nación, el periódico insigne de la independencia en Cuba se llamó Patria.
También es una curiosidad, pero no una casualidad, que el Partido que Martí fundara para organizar y conducir la guerra por la independencia de Cuba y Puerto Rico –el dato no es baladí, el Partido se crea para liberar a dos colonias, las últimas de España en América–, no se autodenomina “independentista”, ni “nacionalista”, Martí lo nombra Partido Revolucionario Cubano. Es decir, existe la intención de rescatar uno de los pilares fundacionales de la gesta independentista, que fue la justicia social, que se da desde el momento en que se libera a los esclavos y estos se incorporan a la contienda. Es cierto que cuando un pueblo empieza a concebir como necesaria su independencia, lo mueven también motivos económicos; pero en Cuba la utilidad y la justicia coinciden de manera formidable para crear un antecedente que se irá radicalizando en el propio proceso independentista.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Medalla 23 de agosto: mujeres dignificadas

Maité Rivero recibe la Medalla 60 Aniversario de las FAR, de manos de Esteban Lazo
Los diplomáticos cubanos asignados a Guinea, Sierra Leona y Liberia, durante la epidemia del ébola. De iz. a der. Antonio Pubillones, Daffne Mirabal, Maité Rivero, Pedro Luis Despaigne y Jorge Lefebre, después de recibir la Medalla 60 Aniversario de las FAR. Maité recibió este verano además, la Medalla 23 de agosto.
Gilda Fariñas Rodríguez 
Revista Mujeres
18 de agosto de 2017
La condecoración entregada en la tarde del jueves 17 de agosto y cercana a la celebración del aniversario 57 de la FMC, fue recibida por 23 mujeres con valiosa trayectoria laboral y social en el ámbito político productivo, científico, artístico, deportivo, jurídico y cultural.  Un acto solemne que estuvo dedicado al comandante en Jefe Fidel Castro y a la “presidenta por siempre” de la organización femenina, Vilma Espín Guillois.
Teresa Amarelle Boué, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y secretaria general de la Federación de Mujeres  Cubanas, junto a otros dirigentes, impuso la alta Distinción a estas mujeres que por 20 años o más, han tenido una presencia sobresaliente al servicio de la FMC. A la vez que realzan el papel de la organización que las representa.
De igual modo, el secretariado nacional de la FMC reconoció  a un grupo de compañeras que han dedicado, de manera ininterrumpida, más de 40 años al trabajo profesional de la organización. Entre las homenajeadas, figuran Mercedes Garrudo, Tamara Columbié y Mayra Díaz.
El próximo 23 de agosto, las federadas cubanas festejarán 57 años de batallas ganadas por una organización creada, justamente, para respaldar, proteger y acompañar la presencia de todas las mujeres en cada espacio de emprendimiento, creación y desarrollo social y personal. El acto central para conmemorar la fecha, tendrá lugar en la provincia de Camagüey.

Maite, una de ellas
Cuando en diciembre del año 2013, la República de Guinea sucumbió al mayor brote epidémico de la enfermedad por el virus del ébola, una mujer dirigía la sede diplomática de Cuba en esa nación africana. Para Maite Rivero Torres, era la primera experiencia como embajadora, un cargo que le tocó desempeñar en circunstancias muy exigentes.
“Llegué a ese país en 2011 y concluí mi labor en 2015. Durante ese período se desató la terrible epidemia del ébola, un acontecimiento estremecedor con el que me tocó lidiar, pues tuve que asumir la responsabilidad de velar por la protección de todo el personal diplomático que tenía bajo mi encargo. Pero de manera particular, ofrecer toda la atención que necesitó la brigada médica cubana que llegó a Guinea para combatir esa grave enfermedad. Fue un momento muy difícil, la epidemia se extendió mucho en el tiempo por lo que las preocupaciones eran múltiples. Allí, además, estaban conmigo mi esposo y mi niño pequeño,” evoca Maite a Mujeres.
Como destacada funcionaria  del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y por la encomiable  labor que desempeñó en su misión diplomática en África, Maite Rivero recibió la Distinción “23 de agosto”, un reconocimiento que otorga la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), a mujeres de diversos sectores de la sociedad que protagonizan acciones a favor del adelanto de las cubanas y en defensa de la Revolución.
Tras recibir su medalla, Maite Rivero Torres, manifestó a esta revista sentir un profundo orgullo porque con ella va también el reconocimiento a todas sus compañeras de profesión que realizan sus funciones, muchas veces, en condiciones difíciles. Con ellas quiso compartir este homenaje.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Bombas Molotov: las buenas y las malas

Atilio A. Boron
En su acelerado proceso de putrefacción moral, los voceros de la derecha y la prensa hegemónica de la Argentina se rasgan las vestiduras ante la escalada violenta que viene teniendo lugar en los últimos días en el marco de las protestas por la desaparición forzada de Santiago Maldonado. En la ciudad de Buenos Aires y en El Bolsón los actos recordatorios al cumplirse un mes de tan deplorable suceso culminaron con graves enfrentamientos entre algunos grupos desprendidos de multitudinarias y pacíficas manifestaciones–en el caso de Buenos Aires, reuniendo a varios centenares de miles de personas en la Plaza de Mayo- y las fuerzas de seguridad. Los manifestantes se habían convocado para expresar su repudio ante la desaparición forzada del artesano a manos de la Gendarmería Nacional, a la escandalosa indiferencia del gobierno nacional –difícil de distinguir de un activo encubrimiento del crimen- y a la no menos desvergonzada actitud de la Justicia federal, que en sus averiguaciones demostró una ineptitud que se parece demasiado a la complicidad. Sería ingenuo ignorar que algunos de los desmanes y destrozos de ayer viernes fueron inducidos -e inclusive ejecutados- desde algunos oscuros rincones del aparato estatal (vulgo: “servicios”) con el objeto de desviar el foco de atención de la ciudadanía. Por eso no fue casual que poco después de ocurridos los principales titulares de la prensa, la radio y la televisión de la oligarquía mediática fuesen los incidentes y no la tenebrosa falta de información acerca de dónde está Santiago Maldonado y cuya desaparición constituye un crimen de lesa humanidad.
Centenares de imágenes dan cuenta de la agresión con bombas Molotov a gendarmes en El Bolsón, ataques con piedras y objetos contundentes a la policía en Buenos Aires, a comercios y edificios públicos y algunos privados, la erección de barricadas en la avenida de Mayo la quema de contenedores. En un alarde de mala fe y mendacidad, la derecha ahora condena sin atenuantes las tácticas violentas que durante tres meses celebraran como una esperanzadora manifestación de la vitalidad de la sociedad civil en … Venezuela. Las bombas Molotov arrojadas por los mercenarios contratados por el ala fascista de la oposición venezolana en contra de la Guardia Nacional Bolivariana no eran tales sino luminosas antorchas de libertad. La destrucción del espacio público y la propiedad privada en las calles de Venezuela eran saludables síntomas de la rebeldía de un pueblo contra la “dictadura” de Maduro. Pero ahora, en la Argentina de los presos políticos y de la criminalización de la protesta social, aquí se convierte en imperdonable pecado lo que allá era una excelsa virtud. Las Molotovs que en Venezuela prendían fuego a los agentes del orden y destruían guarderías infantiles, centros de salud, edificios públicos y privados y autobuses urbanos eran la expresión de un noble impulso democrático que se despertaba de su prolongado letargo. Aquí, la misma actitud, los mismos hechos son condenados como una conducta deleznable e incivilizada de hordas criminales que no respetan ni la ley ni el orden. Molotovs buenas, Molotovs malas.
Este doble discurso esta perversa dualidad de criterios revela el talante (in)moral de los supuestos representantes de la “democracia” y el “republicanismo” en la Argentina. En realidad y a pesar de sus reclamos no son ni lo uno ni lo otro; ni demócratas ni republicanos. Son simples ideólogos y propagandistas al servicio de los grandes poderes corporativos y de un estado de cosas insostenible, donde ocho individuos detentan tanta riqueza como la mitad de la población mundial. Gentes que ejemplifican con incomparable elocuencia la prostitución del periodismo -que por eso mismo ha dejado de serlo- y la absoluta capitulación de la “intelligentzia” liberal de este país degradada hoy a la condición de una cuadrilla de mentirosos seriales. Unos y otros tienen por misión ofuscar el entendimiento de la opinión pública, ocultar los oscuros negociados de las grandes corporaciones y sus representantes en el Estado, blindar mediáticamente a los gobernantes de turno y, en fin, distraer y embrutecer al demos con un aluvión de mentiras y toda suerte de vulgaridades televisivas –la infame cultura del “entretenimiento” urdida en Estados Unidos para mejor controlar a su población- que le impida al pueblo pensar, adquirir conciencia de su situación y luchar por la construcción de un mundo mejor.

miércoles, 30 de agosto de 2017

El reformismo en Cuba (1898 - 1902): cartas reveladoras

Enrique Ubieta Gómez
En septiembre de 2001, asistí como ponente a uno de los maratónicos congresos de la Latin American Studies Association (LASA) en Washington. Permanecí en la ciudad otros dos meses, en una fructífera revisión de la papelería manuscrita de José Ignacio Rodríguez, que se conserva en la Biblioteca del Congreso. Se comprenderá por las fechas de mi estancia, que viví el estupor que causó en todos los hombres y mujeres honestos del mundo el desvío de los aviones civiles y el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, y el ataque al Pentágono, en la capital estadounidense.
Viví la histeria belicista que preparó los ánimos para la invasión a Afganistán e Iraq, y el renacimiento del movimiento civil norteamericano contra la guerra.
La pesada puerta de la Biblioteca del Congreso en Washington separaba dos mundos lejanos pero semejantes: afuera, manifestaciones populares que denunciaban la guerra y el terrorismo de Estado, mientras algunos congresistas y políticos cubano-americanos cabildeaban para hacerle más dura la vida a quienes en la Isla de sus orígenes se atrevieron a enarbolar el ideal de independencia absoluta. Adentro, en disímiles caligrafías que transparentaban el temperamento de los autores y en ocasiones, el humor del día, aparecían, desnudos ante mis ojos, personajes y personajillos decimonónicos que conspiraban en Washington y en La Habana para evitar que se produjera la independencia cubana. Las cartas tienen un destinatario: José Ignacio Rodríguez. Y un contexto histórico preciso: los años de la primera ocupación militar norteamericana (1898-1902), después de la derrota de España en la guerra hispano-cubano-americana, aunque algunas misivas son de fechas anteriores y otras de fechas posteriores. El diálogo epistolar se produce entre autonomistas y anexionistas, las dos tendencias políticas del reformismo insular decimonónico.
Cabe una aclaración: en la historiografía cubana se acepta sin dificultad que el autonomismo es una corriente reformista, pero algunos autores dudan al calificar el anexionismo. Dos razones parecen interponerse: la creencia de que toda solución violenta es revolucionaria y la errada suposición de que la anexión es una solución radical. Ni lo uno ni lo otro. Se puede ser violento y reformista (y viceversa), y ninguna solución que apostara por la anexión podía solucionar los problemas de la nación desde su raíz. Creo que el anexionismo, por su dependencia de un poder externo que garantice los límites del cambio al que aspira, es esencialmente reformista. Las décadas que transcurren entre el fin y el inicio de los siglos XIX y XX, ofrecen suficientes evidencias de esta confluencia de propósitos e intereses.
En la intimidad de la correspondencia caen etiquetas y máscaras políticas. Algunos autonomistas de fines del siglo XIX se trasladan sin recato y con inusitada rapidez a las filas del anexionismo. Ante el señalamiento de la inutilidad del esfuerzo autonomista, un amigo de juventud de José Ignacio, Ricardo de Albate, le había escrito el 20 de julio de 1893:
Seguro tengan razón, si solo se atiende al propósito de alcanzar de España la Autonomía; pero no se perdería el trabajo dedicado al fin de ir ganando terreno —¿Para qué, si no viene la Autonomía?
Para preparar a nuestra gente, que mucho lo necesita, y por medio de la doctrina y la disciplina, ensayarla en los hábitos de la política seria, sensata, prosaica, modernista y anti-jacobina de tal manera que —ya que los estadistas de la Casa Blanca mantienen el tradicional precepto de «esperar que madure la fruta» podamos evitar que la nueva generación, incitada por los energúmenos […] que tantas veces han extraviado el patriotismo cubano, no caiga en la tentación de echar abajo la fruta verde a pedradas, como muchachos perversos, por el gusto de que no se la coma el vecino. No vale esto algún esfuerzo?
Es el mismo razonamiento que guiaba a José Ignacio Rodríguez –el primer emigrado en autocalificarse como cubano-americano–, anexionista convencido y declarado, en su apoyo y estímulo constante a los autonomistas. Todavía en enero de 1898, Rodríguez escribiría una carta pública de respaldo a la Autonomía que España promulgaba como concesión de última hora, y llamaría a deponer las armas. Esa posición fue repudiada incluso por algunos de sus colaboradores más honestos. Raimundo Cabrera, por ejemplo, respondió de forma pública en la revista Cuba y América, de Nueva York. Cito algunos fragmentos:
Aunque hace muchos meses interrumpió Vd. su larga correspondencia conmigo sobre los sucesos políticos de Cuba, desde que le comuniqué con franqueza mi opinión sobre el deber de todo cubano de apoyar la Revolución, (traída contra nuestra voluntad y los constantes esfuerzos de los autonomistas por la obstinación y la ceguera de España) no creo que haya motivo que me impida escribirle de nuevo […] Tiene usted razón al decir que la política es una ciencia de transacciones prudentes. También lo creo así.
Pero no veo en la carta de usted que se aconseje una transacción, sino una sumisión. Lo que en síntesis dice usted al Sr. Angulo y por ende a todos los cubanos, es que vayan a tomar puesto, a hablar, a hacer azúcar sin más garantía, después de las penosas experiencias del pasado […]. Admitida la posibilidad del hecho que usted enuncia como supremo argumento para sofocar las esperanzas de los revolucionarios y de los que con ellos simpatizan; que los Estados Unidos no favorecerán el planteamiento en Cuba de una República independiente y débil: aún así ¿puede llamarse transacción prudente la aceptación incondicional de un plan de gobierno colonial que los ministros de España promulgan en la Gaceta como acto de magnanimidad, llamando en su apoyo a los enemigos todos de la Revolución y prescindiendo en lo absoluto de ésta […]?
Tal toma de posición no le impediría a José Ignacio ser, unos meses después, traductor principal y consejero de la delegación norteamericana en las discusiones del Tratado de París (el único cubano en asistir), y sostener, entre 1899 y 1900, una intensa correspondencia con algunos autonomistas cubanos para propiciar la anexión o impedir al menos «la Absoluta», como le llamaban a la independencia real.
Especialmente reveladora es su correspondencia con José María Gálvez, presidente del Partido Liberal Autonomista. ¿Cómo entender que Gálvez reconociera haber dicho, en la efímera Cámara del Gobierno Autonomista, «que prefería el hundimiento de la bóveda celeste a ver sojuzgado al pueblo cubano por otro pueblo» y después recomendara el protectorado yanqui y la anexión? Él mismo se explica con una elocuencia que hubiese hecho sonreír a Marx. Como el espacio es breve, citaré fragmentos de sus cartas a Rodríguez que no necesitan ser comentados:

No se nos oculta el peso de las razones que exponías contra el avance de un régimen autonómico dentro del sistema americano. Lo indicábamos como medio provisional y transitorio de regularizar la vida del país durante el tránsito á cualquiera de las dos únicas soluciones definitivas posibles, que son la independencia absoluta y la anexión […] Aquella sería la mayor de las calamidades que pudieran venir sobre el país, que ya ha soportado tantas. Prescindiendo de la división en razas hostiles y de la inmoralidad que sembró profusamente la administración española, no es para olvidarlo este dato elocuentísimo: más del 80% de la población de Cuba vive sumida en la más crasa ignorancia. Y fórmese con esto una república libre e independiente! (21 de agosto de 1899).

Estoy de acuerdo contigo en que nos conviene no crear sistemáticamente obstáculos a los interventores; pero también es preciso que ahí adopten una política más definida y clara. McKinley habla a manera de oráculo, y de sus ambigüedades sacan partido estos calientes, interpretando cada palabra del Presidente como una nueva promesa de mandarnos la «absoluta» certificada por el primer correo. (31 de agosto de 1899.)

Siempre creímos que la solución del Protectorado, única viable, necesitaba vencer las resistencias locales y abrirse paso en la opinión americana. Por lo que me dices, y he leído con gusto, veo que podemos continuar la propaganda sin el temor de contrariar los propósitos de ese Gobierno, a quien opino, como tú, que la fórmula ofrece un medio decoroso y seguro de salir de las dificultades creadas por la «resolución conjunta» […] Sin embargo, la campaña será ruda, porque la masa general de este pueblo está grandemente prevenida contra nosotros por las diarias predicaciones que oyen y leen de labios de los oradores y en los editoriales de los periódicos «cubanísimos», acerca de los cuales no emito aquí juicio porque veo que los conoces perfectamente
[…] La independencia absoluta es la ilusión del día, fomentada por los «patrioteros» y acariciada por la turba mulata. Conviene desvanecerla antes de emprender la demostración de que a la anexión ha de llegarse de todos modos.
[…] Creo haberte dicho antes y repito ahora que suspiran por la anexión todos los que tienen algo que perder, los que aspiran a adquirir, y la masa general de españoles.
(3 de septiembre de 1899.)

Hemos creído preferible dar a nuestra campaña carácter crítico y de propaganda conservadora en el recto y levantado sentido de la palabra, sin buscar inteligencias, pero sin rechazarlas, a condición de que se basen en los principios que informan nuestra propaganda y que no envuelvan abdicaciones indecorosas.
El negarnos a ellas en el periódico y fuera de él, ha sido y es con frecuencia motivo de recriminaciones por parte de los que a todo trance quieren hacernos gritar «viva la independencia absoluta» y «viva Baire».
(28 de febrero de 1900.)

Conservo fotocopias de todas esas cartas. El autonomismo y el anexionismo decimonónicos eran tendencias reformistas en las que confluían aspiraciones individuales diversas (liberales o conservadoras), asociadas a una determinación común: la dependencia a un factor externo (español o estadounidense) que garantizara el cambio sin afectar el statu quo. Desde fines del siglo XIX e inicios del XX, el reformismo —que siempre expresa una desconfianza (o temor) hacia el pueblo— aspirará a conservar los espacios de predominio clasista bajo la tutela del imperialismo norteamericano.

Nota:
Este texto es un fragmento del libro del autor: Cuba ¿revolución o reforma? (Casa Editora Abril, 2012), cuya segunda edición publicada en el 2017 por la Editorial Ocean Sur será presentada en el mes de septiembre.

jueves, 24 de agosto de 2017

DEBATE (II PARTE): AURELIO ALONSO / ENRIQUE UBIETA GÓMEZ

Carta abierta a Enrique Ubieta
Aurelio Alonso
Después de hacer pública la nota que Granma desestimó, tomé la decisión de no volver al tema. Habían quedado claras para mí las reglas del juego, y al propio tiempo mis criterios estaban a luz. No obstante, apareció “La respuesta esencial” de Enrique Ubieta, en su blog La Isla desconocida. Aclaro de antemano que las líneas que siguen se limitarán a expresar mi inconformidad con un discurso ofensivo que me siento obligado a rechazar. Si su propósito era hacerme reaccionar, lo logró. Pero intentaré hacerlo sin entrar en polémica, que no concibo bajo una refriega de insultos personales.
He sopesado mucho lo que digo a continuación, para no contribuir a distanciamientos no  deseados, ya que  me resulta imposible quedar en silencio.
Releí con atención mis notas del 9 de julio en Segunda cita comentando un artículo de Elier Ramírez sobre las Palabras a los intelectuales de Fidel, y no encontré nada que pueda inducir el “descrédito de Elier”, de lo que me acusa Ubieta . Creo que al contrario, le expreso reconocimiento; de otro modo ni me hubiera molestado en dedicarle las líneas que publiqué. Su respuesta en el mismo blog, con sus discrepancias, no la percibí ofendida.  No suelo reaccionar cuando creo que no vale la pena, y los artículo de Elier en Granma no son el caso. Dice también Ubieta que lo hago en “un texto ajeno a mi temática”. No tengo idea de por qué se siente con la competencia de definir cuál es “mi temática”, y qué implicaciones le atribuye a sus facultades. Me parece pedante de su parte, por decir lo menos, y es el calificativo más fuerte que me haya permitido hasta ahora en este intercambio donde he tenido que soportar más de una ofensa.
También releí lo que solicité a Segunda cita que publicara el sábado 5 de agosto  y me parece haber cuidado del debido respeto a quienes puedan considerarse aludidos. Si Ubieta se sintió irritado porque me referí a su confusión cronológica al vincular el asesinato de Olof Palme con el derrumbe del sistema soviético, desliz que él mismo  admite ahora como “peccata minuta”, le aclaro que yo tampoco le doy mucha importancia, aunque rectificarlo ante los lectores me parecía imprescindible.
Le recuerdo a Ubieta –me parece necesario– que Fernando Martínez no solo fue mi amigo, sino un hermano: el compañero en la lucha por defender desde la revista Pensamiento crítico, y desde el aula universitaria lo que él había definido como “el ejercicio de pensar”. El luchador intelectual con quien volví a reunirme en el Centro de Estudios de Europa Occidental en los setenta y en el Centro de Estudios sobre América y la revista Cuadernos de Nuestra América en los noventa. Soy miembro fundador de la Cátedra Antonio Gramsci que creó en el Instituto Juan Marinello y hemos estado identificados hasta sus últimos días. Es un vínculo de medio siglo. Ubieta debe saberlo. ¿A qué viene introducir sin ton ni son a Fernando en esta respuesta a mi nota del 5 de agosto? ¿Es que piensa que tiene que “protegerlo” de mi amistad, o es que quiere protegerse a costa suya de alguna crítica? Me satisface mucho, como es obvio, cuando veo que se acude a su obra y sus enseñanzas, pero comienzo a preguntarme también si habrá siempre sinceridad en quienes lo están haciendo.
Ahora me percato de que todo, o casi todo lo que quería responderle a Ubieta está en el primer párrafo de su artículo. Me satisface que me quede poco para terminar, porque como él mismo ha dicho,  “es una tarea fatigosa volver a repetir ideas que ya han sido formuladas por otros colegas”. También resulta fatigoso repetirse una y otra vez sin atender los argumentos del otro. En el debate en torno a… ¿el centrismo,  en Cuba, hoy? creo que ya sabemos cómo pensamos todos. Así que me ahorro fatigas innecesarias. Me salto el recuento referencial de Ubieta sobre lo publicado en sus artículos y libros y los de otros, así como sus comentarios críticos a mis apreciaciones aunque no los comparta –no polemizo con él, prefiero cederle el privilegio de la última palabra. Lo que motivó mi misiva a Granma, fue que anunciaba un debate del que solo daba a conocer una posición, omitiéndose los criterios distintos, de los cuales cité algunos de los que me lucían más interesantes. Solamente un anónimo, escrito en un estilo bastante parecido al de este artículo de Ubieta, asumió la tarea de defender, en Post Cuba, de mi supuesto atrevimiento, al órgano del partido.
Quiero detenerme, para terminar, en sus últimas líneas, donde introduce el “origen de esta polémica, tendenciosamente olvidado: Cuba posible”. Tendenciosamente olvidado, aclaro, porque siendo el blanco de sus críticas, Ubieta , y otros colegas, han preferido caracterizarlo desde el principio mismo como una peligrosa tendencia centrista. Me pregunto si han leído lo publicado porque hasta ahora su argumentación se ha centrado en condenas a priori más que en la discusión de contenidos.
Claro que no hay que ignorar intereses y movidas de quienes, fuera y dentro del país se pronuncian y trabajan en contra del futuro socialista del proyecto cubano. Esas posiciones surgen y van a surgir alrededor de cualquier iniciativa crítica sobre la cual vean la posibilidad de influir. Es parte del desafío, como también creo que lo es propiciar la existencia de un abanico de reflexión con la mayor amplitud de posiciones.
No sé si las esferas de dirección del país debieron propiciarlo ellas mismas, o permitir simplemente que se tomara la iniciativa desde la sociedad civil. Cuba posible se creó en esa perspectiva, como foro de reflexión.  Se excluía en aquella iniciativa solo lo que en la teoría o en la acción respondiera a las proyecciones de los enemigos del proyecto social cubano. Pero, hecha esa salvedad, sería un espacio para que participaran contribuciones que merecieran ser tomadas en cuenta, vinieran desde la izquierda, el centro o la derecha; verla como centrista puede ser incluso un reduccionismo. Porque de la derecha, cuando no responde al canon del enemigo, y aunque no aceptemos sus soluciones, nos debieran interesar las críticas. Suelen conocer nuestros errores tanto como los que estamos comprometidos a fondo con el ideal socialista que nos guía, que, por otra parte, nos vemos atrapados a veces entre conformismos y vacilaciones.
Lo que sobre un tema dado piensen Roberto Veiga y Lenier Gonzalez – como cualquier otro autor – es lo que piensan ellos y no algo consensuado. Sus posiciones habría que debatirlas con ellos y no con Cuba posible. Yo puedo no compartir sus tesis, pero creo que tienen el derecho, en una democracia socialista, de defender lo que piensan, y que Ubieta debe respetarles ese derecho tanto como yo. O más que yo porque tiene funciones que permiten accesos más elevados y responsabilidades de mayor alcance que las que yo pueda tener. Y también discutirles – sobre todo si cree que es tan peligroso el desafío –  y propiciar que otros puedan discutir sus criterios.
De repente tengo la impresión de que Ubieta me está criticando con la mirada puesta en otro lugar. No sería mucho pedirle que se atuviera, para hacerlo, a lo que yo haya dicho o publicado, allí o fuera de allí. En el fondo lo que justifica estas líneas, es la necesidad de rechazar, de una sola vez, la sarta inaceptable de insultos que ha lanzado contra mi persona, frente a los cuales, cercano ya a los ochenta, pienso que mi conducta y mis posiciones revolucionarias no deja lugar a dudas.
Además, insisto en que para juzgar con objetividad, lo primero sería tomar en cuenta el apreciable caudal de reflexión que ha producido y difundido, desde su constitución, Cuba posible. No pienso que todo lo publicado sea igualmente valioso pero estoy convencido de que contiene una contribución de utilidad en nuestra sociedad real, hoy; la que ha vivido la mitad del siglo XX bajo el bloqueo y posiblemente tenga que seguir viviendo buena parte del XXI sin poder sacudírselo. Una contribución a comprender sus problemas viejos y los nuevos, a identificar los errores, y medir los  desafíos. Creo sinceramente que Cuba posible merece existir, y padecer todos los encontronazos polémicos que pueda generar su existencia.
Ese es el espíritu con el que recuerdo que se creó y me gustaría que logre mantener. No trato de definirla.  A veces las definiciones congelan las cosas, y las cosas cambian, no son estáticas. A veces sus cambios se generan desde dentro, a veces se les empuja desde fuera a ser algo distinto. Y cuando ya no son lo que creímos que serían, o dejan de existir, pueden llegar otros, que harán lo que queríamos hacer, pero dándole otro nombre, o harán algo distinto bajo el mismo nombre.

COMENTARIOS A UNA CARTA ABIERTA
Enrique Ubieta Gómez
1.


1.  No sé a qué “refriega de insultos personales” responde Aurelio Alonso, he vuelto a leer mi texto –que no se titula "La respuesta" sino "La pregunta esencial", la respuesta es él quien puede dárnosla– y no los encuentro, a no ser que estime “ofensiva” mi discrepancia. En mi texto hay argumentos y ciertamente, no los responde. A un pensador revolucionario de larga trayectoria, no le asienta la victimización. Hay quien pide osadía a los jóvenes si estos piensan como ellos, y respeto, si piensan de manera diferente a ellos (yo ya, como él sabe, no soy joven). La unánime certeza de que el debate debe imponerse en la sociedad cubana, se derrumba cuando los que lo reclaman se ven enfrentados a criterios discrepantes: el listado de insultos contra mi persona es largo y ancho. Pero no me quejo, ni los reproduzco.


2.     Tampoco me lee bien. Dije que él “se insertó desde el comienzo en el debate en curso con un texto ajeno a su temática”. Es obvio que me refería a la temática del debate y no a la de sus competencias.

3.      Precisamente el respeto a Fernando –de quien me consta fue muy amigo–, fue el factor que me detuvo al inicio. Es lo que dije y repito. No tengo que protegerlo y menos aún protegerme de nada. Fernando fue uno de los pensadores anticapitalistas más coherentes que he conocido.

4.      Jamás he colaborado con el blog Post Cuba ni he enviado algún anónimo, ni a ese blog ni a sitio alguno: tengo la satisfacción de que todo lo que he querido decir en mi vida ha sido firmado con mi nombre y apellidos. No comparto la manera en la que ese blog defiende sus criterios. Y dicho sea de paso, porque he visto comentarios absurdos y –esos sí– ofensivos sobre mí: respeto y admiro la vida y la obra de Silvio (ahora mismo escucho su música, es un “vicio” sano que, por encima de cualquier diferencia de criterios, me alimenta). Esos comentaristas, sí que quieren desviar el sentido del debate y dividirnos. Las ofensas, cuando aparecen, son extravíos, y no debiéramos colocarlas en el camino real; a veces surgen de provocadores que persiguen distraernos o conducirnos a equívocos insalvables.

5.       “Lo que sobre un tema dado piensen Roberto Veiga y Lenier González – como cualquier otro autor – es lo que piensan ellos y no algo consensuado”, escribe Aurelio. El problema es que las citas que reproduzco de esos autores no expresan opiniones personales; son los fundamentos explícitos –según sus directivos– de un proyecto público: Cuba Posible. Lo que dicen no es lo que piensan, es lo que se proponen hacer con esa plataforma. Veiga dice (disculpen que lo repita): “Yo tengo una opinión personal a favor de una Cuba pluripartidista. Nuestro proyecto quiere facilitar esto y contribuir con serenidad a ese proceso.” Y agrega: “Cuba Posible promoverá el ‘cambio transicional’”. No veo cómo Aurelio pueda ignorar eso al decidir participar en su directiva.

6.      A diferencia suya, lo que a mí me interesa comentar de su Carta Abierta no son los párrafos iniciales, sino los finales: “Se excluía en aquella iniciativa solo lo que en la teoría o en la acción respondiera a las proyecciones de los enemigos del proyecto social cubano –escribe Aurelio–. Pero, hecha esa salvedad, sería un espacio para que participaran contribuciones que merecieran ser tomadas en cuenta, vinieran desde la izquierda, el centro o la derecha; verla como centrista puede ser incluso un reduccionismo. Porque de la derecha, cuando no responde al canon del enemigo, y aunque no aceptemos sus soluciones, nos debieran interesar las críticas”. ¿Qué entiende el ideólogo revolucionario Aurelio por “enemigos del proyecto social cubano”? ¿De qué derecha habla cuando dice que “no responde al canon del enemigo”? Hay hombres y mujeres conservadores y honestos, eso lo sé, pero esas no son clasificaciones que pueden definir a los ideólogos. Pero mi estupor es grande: ¿cree Aurelio que los ideólogos de derecha y los de centro –él acepta de facto la existencia del término– acuden a Cuba Posible a exponer sus críticas para fortalecer la Revolución en el poder?, ¿que publican en (y financian) ese espacio de “cambio transicional” e invitan a sus integrantes a mesas de diálogo en Washington, incluso en el Departamento de Estado, y en México, sobre, por ejemplo, como cambiar nuestra Constitución, para disfrutar del intercambio civilizado entre colegas? A mí también me interesa conocer lo que piensa la derecha, pero para eso están los libros y la prensa transnacional hegemónica que, por cierto, le ha dado cobertura desde sus inicios a Cuba Posible, mientras silencia, cuando no ataca a los revolucionarios cubanos.

7.      No está de más recordar la caracterización ejemplar que hizo Aurelio sobre el proyecto editorial Encuentro de la Cultura Cubana, en el sitio La Jiribilla, en junio de 2000: “Me represento a Encuentro de la cultura cubana como un producto típico del anticastrismo de tercera generación: no proclive a una propuesta de reversión total del cambio de los sesenta, capaz de incorporar el rechazo a la política norteamericana hacia la Isla, y circunscrito a rescates puntuales en torno al pasado; matizado en las críticas a la influencia del socialismo soviético, en especial para restar relevancia a la política cubana en los puntos de acuerdo tanto como en los de desacuerdo; amparado en una propuesta de reconciliación nacional tan sesgada, parcial y ajena a la realidad que se hace imposible tomarla en serio; implacable ante la extensión, después del derrumbe del Este, del liderazgo revolucionario en Cuba, la cual considera anacrónica, de corte gerontocéntrico; y contra el socialismo mismo como proyecto.” Desde luego, es otra época, ya el anticastrismo –con el que Aurelio jamás comulgaría–, es inoperante. Cuba Posible es más sutil, su lenguaje y su propósito deconstructor se apoyan en un fenómeno que Lenier González, uno de sus gestores, describe de la siguiente manera: “Si algo ha tipificado los últimos 10 años, es un corrimiento “al centro” en un conjunto importante de actores sociales y políticos, dentro y fuera de la Isla”.

8.      Jamás se me ocurriría confeccionar una lista de “centristas” u otra de “anticentristas” –cada persona es un mundo, decía mi abuelo–; hablo de un proyecto que El Nuevo Herald, tendencioso, es obvio, pero sagaz, calificaba hace unos días de político y de centro. Los que se incorporan alegremente al imaginario “listado” por no estar de acuerdo con algún punto o alguna expresión de los que han señalado las características de ese proyecto, le hacen el juego (y ocultan) a los que sí trabajan contra el proyecto revolucionario.

9.      No entiendo la frase enigmática en la que afirma que estoy respondiéndole a él (no, como dice, criticándolo) con la mirada “en otro lugar”. Después de darle vueltas, supuse que se refiere a los comentarios que incorporo sobre textos de Humberto Pérez y Pedro Monreal. Pero resulta que es él quien los comenta favorablemente en su artículo y dice que casi lo hacen desistir de escribir. Es decir, que no miro a ningún otro lugar que no sea su artículo.

10.  Un último punto: se ha mencionado mi supuesta alta responsabilidad en el Partido –que no es tal, aunque toda responsabilidad es alta desde un punto de vista moral– para insinuar que no debo involucrarme en estos debates. Me siento orgulloso de ser un cuadro del Partido de Fidel y de Raúl, y también un intelectual que, a un año de cumplir mis 60, jamás ha escrito un texto en el que no crea. Mi responsabilidad –que no empieza ni termina con un cargo, felizmente efímero–, de la manera en que la siento, es la que me obliga a participar en el debate. Pero hay responsabilidades sin cargos –como la que tenía Fidel, salvando las distancias, en sus años finales de vida, o aquella a la que alude el Che en su carta de despedida, por lo que significan vida y obra– que son abrumadoramente superiores a las de quienes ocupan cargos. Responsabilidades como esas, estoy seguro que hicieron escribir a Aurelio aquel texto sobre la revista Encuentro de la Cultura Cubana.

jueves, 10 de agosto de 2017

DEBATE: AURELIO ALONSO / ENRIQUE UBIETA GÓMEZ



¿Es que el centro es el centro?

Aurelio Alonso
Segunda Cita  / 5 de agosto de 2017
Con el título “Un debate ideológico necesario”, la primera página del Granma del 21 de julio remitía al artículo de su sección de opinión. Pensé que ese enunciado podía abrir el espacio a otros puntos de vista y envié a la Dirección del diario unas líneas, el día 29, las cuales no fueron publicadas ni puedo reconocer respondidas. Pues no se me ocurre identificar una respuesta en el anónimo titulado “El debate, el Arca de Noé y los reclamos al Granma”, irrespetuoso además para mi persona y para otros compañeros, aparecido en el blog Post Cuba, junto a otros textos igualmente acusatorios. Como no había hecho públicas mis líneas al diario, solicito ahora a Silvio que me permita una vez más hacer uso de su espacio Segunda cita para darlas a conocer. La unidad se fortalece tomando en cuenta las discrepancias dentro de la Revolución, y termino preguntándome si no habrá quien se regodee de habernos puesto a pelear en torno a un dilema teórico cuando enfrentamos el más complejo desafío práctico como Nación.
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Fue con un día de retraso que logré leer la entrevista de Enrique Ubieta en el Granma del viernes 7 de julio, y me pasó otro tanto con el artículo de Elier Ramirez del día 21. Confieso que por momentos he sentido deseos de decir que no quiero oír más de centrismo,  pero sería meter la cabeza en la arena, como dicen que hace el avestruz. La existencia del centro en política, derivada de la oposición de fuerzas de izquierda y de derecha – conceptos cuya connotación es siempre relativa, sujeta a realidades históricas concretas –, es un hecho desde la transición de las monarquías absolutas al republicanismo burgués o la realeza  formal en el siglo XIX europeo. Lo que quisiera añadir ahora es que lo que llamamos el centro es el más borroso de los territorios, pues puede ser caracterizado desde la moderación sistemática, la falta de radicalidad, la prudencia desmedida, la indefinición, la voluntad de permanecer apolíticos, la vacilación o la incertidumbre. Por lo tanto no siempre califica como tendencia. Una característica a tomar en cuenta del centrismo, cuando se le necesita para concertar alianzas, es que suele comenzar distanciándose de la izquierda para terminar barrido por la derecha. Lo delatan actuaciones pendulares. Omar Pérez Salomón, en La pupila insomne, usó una cita de Martí en 1882 para caracterizar retrospectivamente lo que sería, en su criterio, un centrismo autonomista: “soberbios para abominar la dominación española, pero bastante tímidos para no exponer su bienestar personal en combatirla”. Pero Martí nunca les llamó centristas.
Una digresión, sin entrar en las respuestas de Ubieta, para señalar una discrepancia con su entrevistador de Cubadebate, en una apreciación que, por ser común, no dejo de considerar errada, y  que afecta la mirada global. El mundo no dejó de ser bipolar, solo que se nos despejó la errática noción del bipolarismo Este/Oeste, como primario, para dejar inequívoco el dominio del bipolarismo Norte/Sur, que siempre estuvo ahí. Pienso que, en el fondo, nunca hubo dos mercados en competencia en el mundo, sino que el mercado moderno fue siempre uno, capitalista, a escala global, y que el CAME no pasó de ser una asociación para insertarse en él con condiciones más ventajosas. Su éxito fue relativo, aunque los presupuestos de la coexistencia entre dos sistemas resultaron inconsistentes. Pero este sería otro debate.
Posiblemente uno de nuestros pecados – que no son de la dimensión de los atribuibles al socialismo soviético aunque tampoco los creo ajenos – ha sido no haberlo entendido antes, aunque no nos faltaran atisbos. Tuvo que derrumbarse el sistema socialista a escala mundial para que la necesidad nos llevara a descubrir que era posible (y necesaria) la asociación con el capital extranjero, la explotación del turismo como fuente de ingresos, la expansión de sistemas de propiedad cooperativa, una comprensión positiva de la autogestión, y la privatización en escala controlada; todo eso sin salirnos de las coordenadas del proyecto socialista. 
Confieso que interrumpí este artículo al ver que Pedro Monreal se había detenido en una oportuna defensa del significado de las estadísticas, y del dato probatorio (y otros puntos en textos igualmente certeros), y Humberto Pérez desmontó, con una síntesis impecable de referencias marxistas estratégicas, la quimera de que el capitalismo no tiene aporte que dar en una transición socialista. Nada que ver en ellos con la superficialidad de imaginar “terceras vías” o “juntar lo mejor del capitalismo y el socialismo” que se atribuye a los centristas camuflados. Estamos hablando de perfeccionamiento socialista, y de los Lineamientos que lo definen a través de las discusiones de muchos de nuestros propios criterios. Posteriormente apareció también un artículo –convincente por su rigor– de Julio César Guanche sobre el centrismo. Todo ello en el sitio web Segunda cita, donde debemos agradecer la solidaridad de Silvio Rodríguez al acoger las respuestas polémicas desde temprano, sin dejar de tomar posición con sus criterios personales.
Al igual que el día 7, el viernes 21 me sorprendió de nuevo Granma, dedicando completa la página de opinión a una contra-riposta de Elier, sin que se hubieran hecho llegar igualmente al lector las opiniones discrepantes que acabo de aludir, todas ellas incuestionables por su seriedad como por su perspectiva revolucionaria. Sin precisar a quienes responde, Elier habla de una “maquinaria de fango” (sic), de “improperios y manipulación” que yo no he hallado en los autores citados, y si se trata de otros autores habría que nombrarlos y no dejar acusaciones en el aire. De ningún modo dejarlos confundidos con la polémica de argumentos. También alude sin más datos a quienes “antes fueron defensores a ultranza del dogma y ahora se presentan como abogados de la mayor pluralidad de ideas…”. Bueno, solo puedo decir que la evolución a posiciones críticas de una inteligencia que se inició dogmática, al igual que la de un reformista que se radicaliza – sea uno u otro el caso– me motiva casi siempre reconocimientos, nunca reproches.
No excluyo que Elier se haya sentido ofendido; no lo he leído todo y no puedo saber si alguien incurrió en “improperios”, como dice. Pero en todo caso dudo que sean más graves que las acusaciones arbitrarias de desviarse, de manera intencional o por ingenuidad, del curso socialista, que Ubieta y él han lanzado con impunidad, hacia quienes no compartimos los criterios que les animan en este debate. A quien pueda seguir las dos posiciones en discusión – para lo cual, hasta ahora, tiene que entrar en Internet, porque Granma solo ha propiciado una mirada – se hace más fácil discernir quienes “eluden [verdaderamente] lo esencial del debate”, y cómo lo eluden.
Decir que “la fórmula centrista funciona al interior del sistema capitalista como un recurso electorero” – como afirmó Ubieta en la entrevista de marras – es válido, pero insuficiente, pues el centrismo no se define así. No obstante, de lo que se trataría aquí es de explicar cómo funciona al interior del socialismo; del nuestro específicamente. Situados ya en este plano, afirma que el centrismo “se apropia de elementos del discurso revolucionario, adopta una postura reformista y en última instancia frena, retarda u obstruye el desarrollo de una verdadera Revolución”. Dicho en abstracto puedo compartir esa afirmación. Pero cuando en 2005 Fidel lanzó la dramática advertencia de que la Revolución no podía ser derrotada por el enemigo pero que existía el peligro de que la hiciéramos fracasar nosotros mismos, se refirió de manera explícita a la corrupción, no al centrismo. Aunque no excluyo que podamos ver también en la complacencia hacia el acomodo, la  indolencia, el inmovilismo, la incompetencia tolerada, el oportunismo, la búsqueda de beneficios en los cargos públicos y todas las anomias que distorsionan los dispositivos de la administración socialista, una manifestación del centrismo. Una más íntima, que no se genera en estrategas de Washington. Ahí están los circuitos más generalizados de corrupción que afectan al sistema cubano, donde el crimen organizado, el narcotráfico, el lavado de dinero, el robo de bancos, el terrorismo, la prostitución infantil, el tráfico de personas no existen o no alcanzan (todavía) una magnitud que pueda desordenar la sociedad (o reordenarla en consonancia con la aquiescencia imperial).
Pero no es ese el centrismo que parece preocupar a Ubieta y a Elier, sino la proximidad, real o aparente, de una corriente crítica, proyectada al cambio, con objetivos reformistas de corte socialdemócrata. Y tampoco es para subestimarlo.
Les preocupa que, con la generación histórica de la revolución envejecida, el 80% de los cubanos vivos – ellos mismos incluidos – no han vivido el capitalismo. En ese 80% se proponen distinguir los dispuestos a impedir que los planos del pasado nacional retornen a nuestra Isla, de los que querrían la restauración de la burguesía. ¿Pero cómo definir “el centro” simplemente a partir de la acusación a personas o a iniciativas institucionales dentro de la sociedad  civil? ¿Y piensan  que el peligro advertido por Fidel en 2005 se desvaneció solo?
Por cierto, aprovecho para recordarle a Ubieta que en el asesinato de Olof Palme, socialdemócrata amigo, en febrero de 1982, no puede verse, como él afirma, un hecho sucedáneo a la desarticulación de la Unión Soviética, que ocurrió casi una década después.
El problema es que la polémica que se ha abierto ahora no me parece dirigida  realmente contra el centrismo sino contra el ejercicio de la crítica y la disposición de polemizar desprejuiciadamente, en el momento en que nuestra revolución más lo necesita y cuenta con más madurez para hacerlo.
Me he decidido a retomar estas líneas después de leer el día 21 “Tarjeta roja para el ‘centro’: respuesta a Elier Ramírez” de Monreal, por la carta enviada a Granma por Fidel Vascós, que el diario publicó solo en su página digital, y el comentario de Humberto Pérez sobre la asimetría en la difusión de este debate entre revolucionarios. Ninguna de estas notas ha llegado al gran público.
Hago llegar estas líneas a la dirección de Granma con la solicitud expresa de que aparezcan en la edición impresa, ya que ninguno de los textos omitidos – más importantes que lo que aquí expreso – han sido publicados en el diario. Lo hago porque creo, personalmente, que lo que se dirime en este debate –aun si quedara limitado solamente a dejar el problema expuesto con claridad –es de un talante que rebasa el marco de los planteos teóricos, y toca al dilema práctico de hacer sostenible (o sustentable, como prefiera decir cada cual) nuestro proyecto socialista.
Reconozco que tiene razón Elier, cuando afirma, al final de su último artículo, que  “el tiempo se ocupará en definitiva de sacar a flote la verdad y colocar a cada quien en su verdadero lugar”.

28 de julio de 2017.

La pregunta esencial

Enrique Ubieta Gómez
A pesar de que Aurelio Alonso se insertó desde el comienzo en el debate en curso con un texto ajeno a su temática, que solo parecía buscar el descrédito del joven historiador Elier Ramírez Cañedo, yo me abstuve de mencionarlo, sobre todo por respeto a Martínez Heredia –un hombre de extraordinaria coherencia–, su amigo, a quien admiré siempre, y porque el propio Elier se encargó de responderle de manera brillante. Ha vuelto sin embargo al ruedo, ahora sí en tema. No sé si solo ha leído los textos aparecidos en Granma –el de Elier y el mío–, pero debo enfatizar el hecho de que en estos días se han publicado contundentes reflexiones en el blog La pupila insomne, en Cubadebate y en las redes, más valiosos y profundos en mi opinión que los que cita con entusiasmo y casi nos privan de su respuesta, según dice.
Es una tarea fatigosa volver a repetir ideas que ya han sido formuladas por otros colegas. Me permito recomendar al lector algunos pocos de esos textos:
de Raúl Antonio Capote, “Tercera opción en Cuba, el drama de los equilibristas”, (Cubadebate, del 26 de junio); de Jorge Ángel Hernández, “¿Qué nos dice el centrismo a estas alturas en Cuba?”, (La Jiribilla); de Iroel Sánchez, “El debate abierto y la mano cerrada”, (10 de julio, blog La pupila insomne); y de Carlos Luque Zayas Bazán, “Breves notas sobre la moderación política”, (8 de agosto, blog La pupila insomne) entre otros. Escritores no directamente vinculados a la polémica como Luis Toledo Sande, incluso algunos que residen en el exterior, como René Vázquez Díaz y Emilio Ichikawa, han aportado valiosos comentarios.
Una de las dificultades de un debate como este suele ser la dispersión de los textos y la posibilidad de que los contendientes no lean las respuestas más abarcadoras. Es el caso de Aurelio, al parecer. Como reduce su réplica a mis palabras en la entrevista citada –al fin y al cabo, una entrevista oral, retocada por supuesto, pero prisionera de la improvisación–, e ignora mi artículo “Las falacias en su centro” (Cubadebate, 18 de julio) y luego mis extensas respuestas a López Levy (blog La isla desconocida, Primera Parte, 24 de julio y Segunda Parte, 29 de julio), desconoce los argumentos expuestos en esos textos, que quizás, hubiesen evitado entuertos retóricos innecesarios.
En mi respuesta a López Levy menciono el hecho de que el Che ya avizoraba que la contradicción primaria –prefiero usar ese término– de la época, es la de países explotadores versus países explotados. Tras ella, sin embargo, subyace otra, que sí puede ser catalogada de fundamental: la que marca los límites históricos del capitalismo. No hablo de una contradicción entre países capitalistas y países “socialistas”, sino entre el capitalismo y el socialismo necesario. Porque no hay, no habrá supresión de la explotación para la mayoría de los países y de los seres humanos, vivan donde vivan, por unos pocos, si no se derriba el capitalismo.
Me sorprende sin embargo que un investigador como Aurelio afirme que Cuba no pudo entender esa realidad antes de la caída del socialismo este-europeo; si hubo un país que rompió desde sus propios orígenes revolucionarios la burbuja de un “campo socialista en coexistencia pacífica con el imperialismo” y se hizo cargo de aquella contradicción primaria, fue Cuba. Una cosa son los manuales, estimado Aurelio, –incluso los publicados o distribuidos en Cuba–, y otra la práctica revolucionaria, cuando existen líderes de la estatura de Fidel y del Che. No fue por el equilibrio Este – Oeste  que decenas de miles de cubanos entregaron sus vidas (muchas veces a contrapelo de los criterios de Moscú) en República Dominicana, Argelia, Congo, Congo Brazzaville, Guinea Bissau, Angola, Etiopía, Venezuela, Bolivia, Centroamérica, etc., ni el incondicional apoyo dado a Vietnam –el nuestro fue el único país que tuvo embajada en el territorio liberado del Sur–, o a los gobiernos de Allende en Chile, o de los sandinistas nicas en su primera etapa, para solo citar tres casos paradigmáticos. Tampoco el hecho de que decenas de miles de colaboradores de la salud y de otros sectores –maestros, constructores, entrenadores deportivos, ingenieros, etc.– ofrecieran sus servicios en zonas intrincadas, selváticas o marginales de más de 60 países, en su mayoría del Tercer Mundo. Sobre las diferencias entre el CAME y el ALBA, como proyectos integradores, expongo mi criterio en el libro Cuba, ¿revolución o reforma? (páginas 227 – 230) cuya segunda edición a cargo de la Editorial Ocean Sur –de donde ubico las páginas–, será presentada dentro de algunas semanas, en el venidero septiembre.
Me sorprende también su afirmación de que el derrumbe del sistema socialista nos hizo “descubrir que era posible (y necesaria) la asociación con el capital extranjero, la explotación del turismo como fuente de ingresos, la expansión de sistemas de propiedad cooperativa, una comprensión positiva de la autogestión, y la privatización en escala controlada”. Aurelio coloca de esta manera la verdad fuera de todo contexto, como una entidad que debe ser vislumbrada o descubierta al margen de los sucesos históricos y sus necesidades. Existe la tendencia a calificar de erróneas todas las políticas implementadas con anterioridad por la Revolución –no creo que sea su caso–, lo que resulta un disparate y en algunos autores, una estrategia descalificadora. Por cierto, la primera Ley de Inversión Extranjera data de 1982, mucho antes de la caída del socialismo europeo.
Empecemos por abordar el tema del reformismo. Las reformas en el capitalismo –en este caso, las que provienen de, o fueron enarboladas por la socialdemocracia– solo son realizables si el capitalismo las necesita o dicho de manera más exacta, solo fueron realizables mientras el capitalismo las necesitó. Ese es el problema histórico del reformismo, que presume de realista y de pragmático, de conocedor de los datos de la realidad, de lo que es posible –en oposición al espíritu revolucionario, acusado de utópico, de cazador de imposibles– en aras de objetivos mayores que nunca alcanza. Cuando el capitalismo europeo necesitó del Estado de Bienestar y de las políticas keynesianas, en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las implementó, estuviese o no en el gobierno la socialdemocracia. No fueron conquistas de un partido, sino enroques de un sistema. Pero a finales de la década de 1970 cambió la situación: la especulación financiera y la contracción del capital productivo, así como la transnacionalización desnacionalizadora del capitalismo, entre otros rasgos, requerían de políticas neoliberales. Algunos líderes socialdemócratas como Olof Palme resultaban molestos y contraproducentes para el insaciable proceso de reproducción del Capital, y fueron eliminados de manera impune. Cuando sobrevino la caída del llamado campo socialista, la socialdemocracia –supuestamente dueña absoluta, por primera vez, de las banderas de la izquierda–, ya no era viable (por sí misma nunca lo fue), y para sobrevivir electoralmente tuvo que ajustar sus programas hasta hacerlos indiferenciables de la derecha neoliberal. En la entrevista oral que reprodujo Granma, hablo de manera muy sucinta  de esto y al intercalar la alusión al asesinato de Palme, da la impresión de que lo vinculo al derrumbe del socialismo, peccata minuta que aprovecha Aurelio, ante la ausencia de argumentos más sólidos. Vale decir, no obstante, que sí existe al menos una relación indirecta y por supuesto, adelantada, entre aquel asesinato y esa caída, porque el debilitamiento del sistema socialista le permitiría al capitalismo el abandono paulatino de las políticas de corte socialdemócrata, algo que Aurelio debiera saber y no dice. Si hubiese leído mi respuesta a López Levy, hubiese comprendido lo que acabo de explicar.
No comparto la teoría del péndulo en la sensibilidad política de los pueblos, pero es posible señalar al menos dos períodos de predominio reformista en Cuba, ambos asociados a grandes decepciones nacionales; el primero ocurre después del Pacto del Zanjón, cuando se impone la mirada del autonomismo, y del cientificismo positivista. Cintio Vitier añade un tercer elemento a los dos anteriores, que los complementa: la crítica literaria academicista. Martí, solar, se apartó de esa tríada de tendencias reductoras. Fue independentista (revolucionario), antipositivista –la verdad social no podía ser ajena a la justicia humana–, y modernista.
El segundo momento se produce al nacer la República neocolonial, con una Enmienda que rebajaba su condición de Estado libre y soberano, por el que habían muerto en la manigua tantos cubanos. Durante las dos primeras décadas del siglo XX predominó en Cuba el apego al dato, un cientificismo positivizante muy orondo, sin alas para volar. No significa, por supuesto, que en uno u otro período no se hiciesen aportes relevantes a la cultura cubana; el mejor ejemplo, por sus indudables aciertos y también por sus limitaciones, es la revista Cuba Contemporánea. Incluso Fernando Ortiz, nuestro tercer descubridor, aparece atado todavía a conceptos “científicos” que lastran sus primeros acercamientos a la realidad nacional, lo que luego superaría con creces.
A veces temo que un sector descreído de la intelectualidad –escéptico y desilusionado– produzca un tercer período, e intento hacer contrapeso. A eso me refería, por supuesto, cuando aludía a las estadísticas y a la descripción minimalista, como síntomas de un cientificismo empobrecedor y desmovilizador (contrarrevolucionario). Es una reacción típica de un cientificista el sacar de inmediato su sable en defensa de las estadísticas –sin entender el sentido de la frase–, cuando cualquiera, en realidad, las reconoce como útiles y necesarias. Las estadísticas, desde luego, no son el problema: son los hombres y las mujeres que las usan, los que quedan atrapados en sus redes. Los revolucionarios están obligados a conocer a fondo la realidad –la tangible y la intangible, la visible y la invisible, o simplemente la posible (que es una zona muchas veces desconocida de la realidad)– para transformarla, nunca para aceptarla de forma pasiva. Martí y Fidel conocían mejor que sus contemporáneos sus respectivas realidades, porque trascendían la mirada que se ajustaba estrictamente al dato comprobable. He repetido mucho esta anécdota en mis conferencias y textos sobre Martí, pero es menester que insista en ella: cuentan que tras un ardoroso discurso ante emigrados cubanos en los Estados Unidos, en el que Martí había exaltado con verbo encendido las condiciones que según él existían en el país para la Revolución, un recién llegado de la Isla replicó: “Maestro, pero en la atmósfera de Cuba no se respira ese fervor que usted describe”, a lo que Martí respondió: “Pero yo no hablo de la atmósfera, hablo del subsuelo”.
El uso de uno u otro nombre para denotar un hecho o una posición política, caramba, no cambia su cualidad. Que Martí no utilizara el término centrista para referirse al autonomismo –atrapado en una solución intermedia entre el colonialismo verticalista y la independencia– no implica que el reformismo no intente situarse siempre en esa incómoda e irreal posición. Pero, ¿alguien cree que nos creemos el cuento? Si nos piden que eliminemos “la etiqueta” por falsa, no tendremos reparos; lo que no podemos es dejar de señalar la postura. Tampoco Aurelio logra avanzar mucho al rechazar mis asedios al término. Coloca una advertencia que compartimos todos: “una característica a tomar en cuenta del centrismo, cuando se le necesita para concertar alianzas, es que suele comenzar distanciándose de la izquierda para terminar barrido por la derecha. Lo delatan actuaciones pendulares”. Parece escrito por el incisivo Iroel Sánchez. Pero intenta deslindarse: “la fórmula centrista –afirmo yo en la entrevista oral–, funciona al interior del sistema capitalista como un recurso electorero”, y Aurelio, en un tono condescendiente, acota de inmediato: “es válido, pero insuficiente”. También lo creo. Después, reproduce mi definición para Cuba: el centrismo “se apropia de elementos del discurso revolucionario, adopta una postura reformista y en última instancia frena, retarda u obstruye el desarrollo de una verdadera Revolución”. Retengo la respiración para esperar el veredicto, pero enseguida sentencia: “dicho en abstracto puedo compartir esa afirmación.” Estoy aliviado, al menos saco el aprobado. Sin embargo, el propio Aurelio demuestra más adelante –lo hace para objetar que nos enfoquemos en algo que le parece baladí– que la definición del centrismo que manejamos no es tan abstracta como pretendía: “el centrismo que parece preocupar a Ubieta y a Elier, [es] la proximidad, real o aparente, de una corriente crítica, proyectada al cambio, con objetivos reformistas de corte socialdemócrata”. No podría decirlo mejor.
Aurelio pide que revisemos el discurso de Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, aquel que advierte que el imperialismo jamás podría destruirnos, y que nosotros sí. Sobre ese discurso publiqué un artículo titulado “Dos modelos éticos: una década después de la advertencia de Fidel” en la revista Universidad de La Habana, en su número 279 de enero – junio de 2015. Lo que podría autodestruirnos, dice Aurelio basado en ese texto, no es el centrismo, sino la corrupción. Pero yo le recomiendo que relea con más detenimiento ese discurso extraordinario. Por supuesto, a Fidel le preocupa la corrupción, y no el centrismo –que solo existe en la mente calenturienta de algunos partidarios del capitalismo, por acción o por omisión– pero no en abstracto: le preocupa el mercanchinfleo, el enriquecimiento ilícito de los que juegan al capitalismo como fuente de una desigualdad no basada en el trabajo. Es decir, a Fidel le preocupan los bolsones de capitalismo que emergen sin control en la sociedad cubana. Recientemente el Estado cubano ha iniciado un reordenamiento de la actividad privada y cooperativa, no para frenar su expansión, sino para mantener el control popular. Los que se oponen a ese ordenamiento, y claman por una profundización (liberalización) de las medidas, saben o intuyen –el instinto de clase es poderoso–, que el desorden y la ausencia de controles le abriría las puertas al capitalismo. A propósito, resulta pueril, pero evidentemente necesaria, una aclaración: jamás he dicho que no existen elementos de capitalismo en el socialismo, o que no hemos abierto o cerrado compuertas, según las necesidades de su construcción. El camino hacia el socialismo, que es lo que comúnmente se entiende por socialismo, se construye con el cemento y la arena de las canteras del capitalismo. Pero, ¿qué significa traer “lo mejor” del socialismo (que no existe como realidad establecida, que apenas se construye) para unirlo a “lo mejor” del capitalismo? Lo mejor del socialismo, cuando se alcanza en algún punto, es la negación-superación del capitalismo en ese punto. Ignoro de dónde Humberto Pérez extrajo la frase entrecomillada –"al capitalismo hay que descartarlo completamente como fuente de experiencias a considerar ya que en él no hay aspectos positivos que rescatar"– que le sirve de comodín para caricaturizar la imposibilidad de unir “lo mejor” de cada sistema. No la escribí yo y él no expone la fuente. Google, tan acuciosa, solo lo sitúa a él como referente. Pero debo admitir sin embargo que en su más reciente artículo se acerca, no sé si conscientemente, a las ideas que defendemos. Suscribo plenamente esta afirmación suya referida a la Conceptualización del Modelo Económico y Social:
Es un magnifico documento que representa el nuevo Programa del Partido y la Revolución en las circunstancias actuales y que tiene sus antecedentes fundamentalmente en el Programa del Moncada, que fue el primer programa, y en la Plataforma Programática aprobada en el I Congreso del Partido, que fue el segundo programa de la revolución y su primero para la construcción del socialismo.
También Aurelio menciona en acuerdo, así sea someramente, la existencia de los Lineamientos consensuados con el pueblo. Entonces, ¿en qué discrepamos? Quieren hacer creer que estamos en contra de la crítica revolucionaria. En mi artículo “La añorada contaminación de la crítica revolucionaria. Algunas reflexiones” (2012), publicado en mi blog La isla desconocida y después en mi libro Ser, parecer, tener (Casa Editora Abril, 2014), apunto tres objetivos que avanzaban ya de manera sigilosa:
        El primer objetivo y el de más alcance, es quebrar la identidad histórica entre Gobierno y Revolución (presuntamente, el Gobierno cubano construye hoy en secreto un nuevo capitalismo).
        El segundo objetivo es la contaminación de ese imaginario con presupuestos de una izquierda no revolucionaria, restauradora del capitalismo, que utilice a conveniencia la terminología revolucionaria y eluda las definiciones para pasar inadvertida; que aliente el combate contra el Gobierno cubano “por no ser suficientemente revolucionario”, y que simultáneamente teja una urdimbre conceptual que “supere” la visión revolucionaria.
        El tercer objetivo sería entonces romper el nexo histórico entre rebeldía juvenil y Revolución. Contaminar el espacio de la crítica revolucionaria, es decir, incorporar en él a la crítica contrarrevolucionaria. Hacer que la Crítica pierda sus apellidos, para legitimar a los actores invisibles de la contrarrevolución.
Quiero recalcar que apoyo la crítica revolucionaria, la que tiene como fin no el desmantelamiento del sistema o su criminalización, sino su necesario y continuo perfeccionamiento; la crítica que denuncie la aparición de bolsones de capitalismo sin control popular; la que defienda a los más humildes de las injusticias o del acomodamiento de los de más recursos. Qué vengan todas las ideas útiles, todas las mentes dispuestas a contribuir al debate nacional, siempre que el propósito, la direccionalidad discursiva, el sentido de cada sugerencia, sea la derrota definitiva del capitalismo en Cuba. Pero entonces, ¿qué nos separa?, ¿quién nos separa?
Volvamos al origen de esta polémica, tendenciosamente olvidado: Cuba Posible. Uno de sus fundadores, Lenier González, expresaba en una entrevista concedida a Elaine Díaz para Global Voices, en el 2014:
en el contexto cubano no se trata de modificar “un modelo de prensa”, sino de transformar “un modelo de Estado”. Ese “modelo de Estado” consagra constitucionalmente una ideología y la proyecta sobre toda la nación, y pone a todo su aparato institucional en función de su reproducción, como si de una iglesia y sus fieles se tratase.
(…) El desafío, que es de índole estrictamente político, consiste en reconocer, de una vez por todas, el pluralismo político de la nación, y construir unos marcos legales e institucionales donde esos cubanos, con pensamiento(s) diferente(s), puedan trabajar por el cumplimiento de las metas históricas de la nación.
(…) Si algo ha tipificado los últimos 10 años, es un corrimiento “al centro” en un conjunto importante de actores sociales y políticos, dentro y fuera de la Isla. Ello ha sido positivo, y ha favorecido el surgimiento de plataformas e iniciativas de comunicación de inestimable valor.
¿Qué significa “un modelo de Estado” que promueva y difunda todas las ideologías? Todas significa una: el capitalismo. Otro de los fundadores, Roberto Veiga, comentaba a Reuters en el propio año 2014:
“Evidently in Cuba there will come a time when more than one party exists," Veiga said. "I have a personal opinion in favor of a multiparty Cuba. Our project wants to facilitate this and contribute to serenity in the process. (“Yo tengo una opinión personal a favor de una Cuba pluripartidista. Nuestro proyecto quiere facilitar esto y contribuir a la serenidad en el proceso.”)
(…) Cuba Posible will promote "transitional change" with views from a wide range of Cubans, Veiga said. (“Cuba Posible promoverá el ‘cambio transicional’”)
Estos son los propósitos fundacionales de Cuba Posible, alegremente financiados por embajadas, instituciones y fundaciones que –es evidente–, no quieren el socialismo en Cuba. Una plataforma en la que actores principales como Arturo López Levy declaran de manera abierta su militancia socialdemócrata (y sionista) y en la que se ataca desembozadamente a Venezuela (“Venezuela: claves para una crisis”, 6 de agosto) precisamente cuando el imperialismo intenta estrangularla y privarla de la solidaridad externa. Porque Venezuela y Cuba libran una guerra contra el mismo enemigo, aunque los procederes por el momento sean distintos. Por eso las palabras de Emir Sader dirigidas a los intelectuales que se distancian ahora de la Venezuela asediada, son también pertinentes para Cuba:
Para esos, aunque se digan de izquierda no existen ni capitalismo, ni imperialismo. No hay tampoco derecha, ni neoliberalismo. Las clases sociales desaparecen, disueltas en la tal “sociedad civil”, que pelea en contra del Estado. No toman en cuenta que se trata de un proyecto histórico anticapitalista y antimperialista.
Parece que no se dan cuenta que no se trata de defender un gobierno, sino un régimen y un proyecto histórico.
Entonces, la pregunta esencial del debate que Aurelio, uno de los miembros fundadores –como también lo fue Julio César Guanche– de la directiva de Cuba Posible, de larga trayectoria como intelectual revolucionario, debe hacerse, no para responderme –no me debe explicación alguna–, sino para responderse él solo, es esta: ¿comparte o son compatibles con sus principios, estas posiciones y realidades de partida?